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Héroes de la convivencia

La falta de valores es nuestra peor crisis

No hay día que pase en el que los venezolanos no hablemos de la situación actual que vivimos, a diferencia de muchos países, si algo nos roba nuestra total atención son las crisis económica, política y social en la que estamos inmersos, de las cuales hablamos diariamente y sufrimos con mucho pesar. Algunos la padecemos yendo a la cama con el estómago vacío, otros, llorando por la pérdida de amigos, hijos o padres que se nos van en manos de nuestros dos victimarios principales: la violencia o la migración.  En fin, no es necesario enumerar los problemas con los que lidiamos diariamente en esta selva de cemento, lo que sí es cierto es que todos tenemos en común un tornado de sensaciones de desesperanza, cansancio, frustraciones, molestias y hasta rencor por la situación que estamos viviendo.

Los líderes de Caracas Mi Convive no escapan de esta realidad. Nelson de la Cota 905, tuvo que vender hace poco su máquina de afeitar, uno de sus preciados objetos, a Bs. 60 mil para poder comprar comida para su familia. “El dinero no me alcanzó para nada. Me quedé sin la máquina y sin los Bs.60 mil”, nos contó.

Sin embargo, hay otra realidad que está ocurriendo en los sectores populares de Caracas, y es que estos líderes comunitarios están sembrando una cuota de esperanza desde el trabajo, la coherencia y la constancia. Algo raro está sucediendo…¡Poder!, poder del bueno y del sabroso, porque no es de aquel que busca dominar o someter a un grupo, sino del que se transforma en algo colaborativo, que va regenerando confianza y resultados concretos en diferentes espacios.

Por esto mismo, iniciamos hace unas semanas un Taller Para Dar Taller que consiste en transmitir el conocimiento que aplicamos en nuestros Talleres de Prevención de Violencia a nuestros líderes comunitarios de El Valle, El Cementerio, La Pastora, Catia, el 23 de Enero y Caricuao, para fortalecer el poder que poseen construyendo los cambios que desean ver en sus parroquias desde su accionar individual.

Estos héroes de la convivencia están teniendo dos efectos: el primero, es canalizar sus propias adversidades, su dolor por haber sido víctimas de violencia, bien sea por haber perdido algún ser querido o por sufrir de los abusos de las fuerzas del Estado en operativos de mano dura como la OLP. El segundo, está relacionado a la influencia en su contexto inmediato, en convertirse en el ejemplo a seguir para otros jóvenes involucrados en la violencia, que éstos no decidan ser el próximo “pran” de una cárcel sino el próximo líder de su comunidad.

La sed de conocimiento y aprendizaje de estos héroes es infinita, es merecedora de admiración por la sensibilidad, empatía y reconocimiento que tienen ante otros, con sus diferencias y oficios viciosos. Lo mejor, es que el compromiso al cambio de este equipo de convives se puede resumir en una palabra: ESPERANZA, aferrada en las evidencias de poder ver y sentir cómo se reconstruye la memoria, la confianza, la organización comunitaria y el poder colectivo – desarmado, desde luego –  en lo más básico del ser humano: nuestro comportamiento. Nuestra forma de comunicarnos, de trabajar y hasta de querernos. De respetar un paso peatonal, de no colearnos y de juntarnos para reclamar lo nuestro.