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#NiUnaVíctimaMás

 

Darwilson, César y Ángel. Sus rostros, nombres y fechas de defunción se plasmaron los dos últimos sábados de febrero en tres paredes de Los Jardines de El Valle como parte de un homenaje a sus vidas. Dos días dedicados a escuchar sus historias, las que cuentan sus familiares, a darle voz a lo silenciado y exigir el cese de las violaciones a los Derechos Humanos que se han estado cometiendo en las comunidades populares en los últimos seis años, que han acabado con la vida de más de 178 personas en los últimos 8 meses (según los datos levantados por el Monitor de Víctimas, 2018), y que han derivado en un clima de miedo, desconfianza y pérdida de apoyo social en la comunidad.

Cada familia seleccionó cuidadosamente una pared, una que tuviese significado para sus hijos: donde solía trabajar, donde pasaba tiempo con sus amigos y donde cayó el día que fue asesinado. Allí se plasmaron sus rostros, los rostros de tres jóvenes que no murieron en condiciones normales, sino que fueron víctimas de ejecuciones extrajudiciales cometidas por funcionarios policiales amparados por las políticas de mano dura implementadas por el Estado venezolano desde el 2013. Los familiares exigen: #NiUnaVictimaMas

Junto a la Organización de Familiares de Víctimas de Violaciones de Derechos Humanos (Orfavideh), a la que pertenecen los padres de los tres jóvenes, la Red de Activismo e Investigación por la Convivencia (Reacin), el artista Jesús Briceño de Haciendo Ciudad y la Red de Atención a la Víctima de Mi Convive, creamos un espacio de reparación colectiva en la que los familiares de los jóvenes y los vecinos de su comunidad recordaron sus vidas y problematizaron las políticas y acciones deliberadas que terminaron con sus vidas.

Sus historias

Darwilson

Tenía 20 años y estaba por comenzar a estudiar ingeniería informática. Darwilson y su familia fueron hostigados y extorsionados durante cuatro meses por funcionarios del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc), hasta que el 11 de junio del 2013 Darwilson fue asesinado con arma de fuego, en su propio hogar, por los mismos efectivos que venían acosándolos y quienes su madre había denunciado previamente en la Fiscalía. Las vidas de su madre, padre y hermana, ahora giran alrededor del dolor y el vacío que dejó la muerte inesperada y violenta. Su madre (Aracelis) se convirtió en activista de Derechos Humanos y fundó Orfavideh para acompañar a otras familias víctimas de violaciones similares.

Aracelis y Euclides (padres de Darwilson) posando con el mural. Caracas 03/03/18. Foto: Carlos Escobar


César

Lo llamaban Malala, un joven de 21 años de edad, padre de un niño recién nacido con su novia. Trabajaba como vendedor informal en El Valle y muchas veces apoyaba a su madre (María) con la venta de plátanos. El 7 de enero de 2016, César celebraba el embarazo de su hermana con un grupo de amigos. A las cinco de la mañana, un grupo de funcionarios policiales entró a la comunidad, unos minutos después César recibió dos impactos de bala que acabaron con su vida. El informe policial de los hechos coloca “muerte en enfrentamiento”.

María colocando flores en el mural de su hijo. Caracas, 03/3/18. Foto: Carlos Escobar


Ángel

Tenía 24 años edad y era padre de cuatro niños con su esposa Daniela, con quienes vivía en Los Jardines de El Valle. De profesión barbero, Ángel montaba y desmontaba todos los días un toldo en la calle 14 de Los Jardines, donde atendía y rasuraba a los hombres de la comunidad. El 10 de marzo de 2016, Ángel salió de su casa a trabajar, cuando fue sorprendido por dos funcionarios policiales vestidos de negro y con los rostros cubiertos, fue sometido, aislado y finalmente asesinado con un arma de fuego. El informe policial coloca a Ángel como cabecilla de una banda delictiva de la zona y afirma que murió en un enfrentamiento con el cuerpo de seguridad. En la escena fueron sembradas como evidencias un arma de fuego y un radio walkie-talkie.

Esposa e hijos de Ángel observando como se pinta el mural. Caracas, 24/2/18. © Gabriel Osorio.


¿Qué tenían en común estos tres jóvenes? 
Todos eran hombres, con edades entre 20 y 25 años, habían crecido y vivido en El Valle, fueron asesinados en su comunidad por funcionarios policiales y posteriormente clasificados como delincuentes que habían muerto en enfrentamiento.

Espacio para reparar

Cuando el artista comenzaba a pintar, Aracelis (madre de Darwilson) se acercó para entregar un papel con un mensaje escrito, una dedicatoria que quería incluir en el mural de su hijo:

La justicia pronto llegará y tú descansarás en paz.
Yo quedo con la misión que en mí dejaste,
defendiendo el derecho a la vida
y los derechos humanos de las personas.
Para mí no estás muerto,
vives en cada joven con vida.

Dedicatoria para mi hijo Darwilson, Aracelis (2018)

Aracelis pintando la dedicatoria a su hijo. Caracas, 24/2/18. © Gabriel Osorio.

Cuando nos acercamos a la pared que María, la madre de César, había seleccionado para el mural de su hijo, observamos cómo los balcones y las ventanas de las casas aledañas se empezaron a llenar de vecinos. Fue en esa calle que César recibió los impactos de bala que le quitaron la vida:

– “Él cayó aquí, y nadie hizo nada.” – dijo María.

– “¿Nadie hizo nada?” – dijo una vecina que escuchó el comentario de María- “Mamita todos los vecinos nos metimos, empezamos a gritar, a pedirle que se lo llevaran preso, pero que no lo lastimaran. Algunos hombres hasta le lanzaron piedras y botellas a los policías, pero no funcionó… eso era demasiado plomo que no dio chance de hacer mucho.”

El espacio que se creó en esa calle permitió que la vecina contara a María lo que recuerda de esa mañana. Un giro inesperado en la búsqueda de la verdad que María persigue desde el día del homicidio, pero además, una forma de apoyo y reconocimiento social que probablemente se había perdido, a causa de la violencia de la que ha sido víctima la comunidad. Para Aracelis, el simbolismo detrás del mural la movió a expresar, a través de la escritura, el sentido que ha encontrado en la dolorosa pérdida de su hijo, y compartirla con los miembros de su comunidad.

Pensar en reconectar

Las historias de Darwilson, César y Ángel se suman a otras cientos de historias de ejecuciones extrajudiciales, otras cientos de familias que han tenido que hacer frente al dolor y cuyas relaciones o redes pudieron haberse fracturado por la violencia y el miedo a las consecuencias de hablar de aquello que se atestigua en las calles de la comunidad, cuando los cuerpos policiales están por la zona.

Esta es la primera acción del año dirigida a la búsqueda de la verdad, la justicia y la reparación, reales o simbólicas, de los familiares de las víctimas. El primero de los escenarios que busca restaurar es la dignidad de las familias que han sufrido una pérdida violenta, reconstruir las relaciones de apoyo entre los vecinos y exigir una respuesta institucional, denunciando las fallas del sistema que en vez de proteger a los ciudadanos, los persigue y los asesina sin mediar palabra. Es la primera vez que se dice: #NiUnaVíctimaMás.