: Actividades

Comunidades contra la violencia

Comunidades de Caracas hacen el trabajo de Dirección de Seguridad Ciudadana

Si hay una ciudad referente que ha podido reducir los índices de homicidios en las últimas décadas a través de un proceso de transformación arquitectónica, social, ambiental y cultural, es Medellín (Colombia). Un valle intramontano con similitudes al de Caracas, un río que atraviesa la ciudad de Norte a Sur, con una población de casi 4 millones de habitantes, de los cuales 31% viven en asentamientos informales. (Urbam, 2012)

A pesar de que las características demográficas y geográficas nos acercan como ciudad, existen otras que nos diferencian por mucho, como por ejemplo: nuestras tasas de homicidios. Actualmente, Caracas es al menos tres veces más violenta que Medellín, pero, la pregunta que sería interesante plantearnos sería: ¿Qué ha hecho hasta ahora Medellín que nosotros no?

En una entrevista que realizó LA Network a Alejandro Echeverri, reconocido arquitecto que diseñó y llevó a cabo proyectos como los Parques Biblioteca de las comunas que solían ser las más violentas de la ciudad, o el Parque Explora de la capital antioqueña, plantea que “los temas más importantes en los procesos de transformación urbana son los que tienen proximidad con la gente, los que son afines a la vida cotidiana de las personas.”

A pesar de que los problemas urbanos que puedan preocupar actualmente a ciudades como Medellín y Caracas sean diferentes en sus necesidades, no cabe duda que aquellas acciones que hayan mejorado la calidad de vida de los colombianos son totalmente replicables.

En Caracas pierden la vida más de 100 personas al mes y pareciera que nadie hace nada al respecto. Pero la realidad es otra. Esa proximidad que sugiere Echeverri está sucediendo en procesos que ocurren dentro de los Talleres de Prevención de Violencia, donde la comunidad, más que ser un espectador, es un hacedora de propuestas que permiten encontrarse y compartir en los lugares donde está concentrada la violencia.

¿Cuántas vidas estamos salvando tomando estos espacios que por definición son nuestros? ¿Qué clase de ejemplo están dejando estas comunidades a las instituciones gubernamentales? Cuando son ellas las que no sólo han resuelto el problema de la vivienda a falta de años y años de suelos urbanizables, sino ahora también el de espacios públicos dignos, donde niños y adultos pueden recrearse y dejar de lado la violencia que bandas delictivas o fuerzas policiales han implantado en sus comunidades.

Sembrando vida en la Cota 905

Niños de la Cota 905 siembran vida en su comunidad

La Cota 905 fue testigo de algo más que violencia y armas de fuego en el mes de septiembre. Durante cuatro días seguidos los habitantes de la comunidad observaron un grupo de 30 niños recorriendo las escaleras del barrio con plantas, materos de barro, pinceles y manchas de pintura en sus manos.

Niños de la Cota 905 siembran plantas en materos de barro.

Actividad interactiva organizada por Mi Convive, con niños de la Cota 905. Caracas, 30/9/17. © Gabriel Osorio

 

Junto al equipo de Incursiones, un laboratorio creativo que busca generar interacciones entre la ciudad y sus habitantes, se llevaron a cabo una serie de actividades en la que los habitantes de la Cota 905 identificaron y concientizaron aspectos de interacción social y cultural en la comunidad, y otros más específicos como la ubicación y valoración de ciertos espacios físicos dentro del sector.

Madres, tías y abuelas se unieron a los niños de la comunidad durante estos cuatro días para crear juntos un ambiente de confianza, que permitió liberar el miedo, el dolor y el deseo de no volver a vivir los violentos procedimientos policiales de las Operaciones de Liberación Humanista del Pueblo (OLHP) de los últimos dos años, que han dejado fuertes traumas psicosociales en los habitantes de la comunidad.

La expresión verbal de las experiencias y emociones asociadas a éstas, dio lugar a un reconocimiento tanto individual como colectivo de las vivencias en la comunidad. Las madres escucharon a sus hijos y el grupo escuchó a los adultos mayores, esto permitió que los participantes pudieran definir qué significa la Cota 905 para ellos, así pudieron desarrollar su sentido e identidad. Aunque destacaron aspectos negativos, también se destacaron las cualidades positivas, esas que han permitido sobrellevar las experiencias dolorosas: la solidaridad entre sus vecinos y el deseo e ímpetu de progresar.

Agua, sol y cariño 

Con analogías fantásticas y aventureras, los niños se dedicaron a explorar su comunidad, ubicando árboles e identificando espacios que cumplían con determinadas características: los más divertidos, los que suelen prestarles ayuda y los que necesitan ser rescatados. Un mapeo disfrazado que facilitó la ubicación de cuatro jardines secretos, espacios que solo los niños pueden ver y donde pronto crecerán distintas plantas. No obstante, para que esto ocurra es imprescindible que la comunidad honre las normas que los creadores de los jardines establecieron. Su objetivo es uno solo, el de fomentar un ambiente acogedor y estimulante, libre de armas y violencia.

Niños de la Cota 905 se divierten en actividad de Mi Convive.

Actividad interactiva organizada por Mi Convive, con niños de la Cota 905. Caracas, 30/9/17. © Gabriel Osorio

Con esta actividad, el grupo formó parte de un proceso de aprendizaje en el que se estimuló el significado y la importancia de la vida, así como la manera en que el ambiente influye en el desarrollo de cada ser vivo. Como parte del compromiso de cuidar y propiciar el desarrollo de las plantas, los niños, madres y abuelas dedicaron un tiempo a personalizar e identificar sus materos, el envase que representa el hogar donde crecerá este ser vivo.

Abuela con su nieto pintan en actividad de Mi Convive en la Cota 905.

Actividad interactiva organizada por Mi Convive, con niños de la Cota 905. Caracas, 30/9/17. © Gabriel Osorio

El sentido que la comunidad dio a estos espacios de encuentro y los sentimientos que afloraron en la actividad; tales como temores, preocupaciones y proyecciones a futuro, permitieron el fortalecimiento de los lazos sociales y la toma de conciencia de los recursos comunitarios existentes. Lo que propicia la superación de hechos violentos pasados, y permite el desarrollo de una actitud más fuerte para afrontar posibles escenarios represivos.

Hoy día, en unos 30 hogares de la Cota 905, amaneció una planta en un matero colorido; una vida que ahora será atendida por su cuidador comprometido. En una pared de un pasillo concurrido de esta comunidad, hay un mural que refleja la imagen de un hombre árbol, pensado y creado por @inesybernardo . El hombre árbol es un ser que protege a los pequeños con su sombra, y que con sus frutos y semillas los alimenta y nutre. Este mural es un reconocimiento a la capacidad humana de transformar, y nos recuerda que pese a las actuales condiciones de violencia que se viven en esta comunidad, hay medidas que subsanan los daños.

Mural en la Cota 905.

Actividad interactiva organizada por Mi Convive, con niños de la Cota 905. Caracas, 30/9/17. © Gabriel Osorio

Reporte Monitor de Víctimas: Julio

Tras las altas cifras de homicidio en Caracas se esconden importantes secuelas que ponen en riesgo no sólo la seguridad sino el desarrollo y bienestar de una generación: niños que crecen huérfanos por la violencia.

A pesar de que no existen cifras oficiales exactas que puedan dimensionar el problema social de los huérfanos de la violencia, los datos del Monitor de Víctimas registran que al menos 356 niños y adolescentes perdieron a uno de sus padres entre mayo y julio de 2017 a causa de la violencia. A este tema dedicamos el análisis del reporte del mes de julio.

Por cada 5 homicidios en el Área Metropolitana de Caracas, al menos 4 niños y/o adolescentes quedan huérfanos, en su mayoría, de la figura paterna, pues en 95% de los homicidios la víctima es de género masculino.

 

Héroes de la convivencia

La falta de valores es nuestra peor crisis

No hay día que pase en el que los venezolanos no hablemos de la situación actual que vivimos, a diferencia de muchos países, si algo nos roba nuestra total atención son las crisis económica, política y social en la que estamos inmersos, de las cuales hablamos diariamente y sufrimos con mucho pesar. Algunos la padecemos yendo a la cama con el estómago vacío, otros, llorando por la pérdida de amigos, hijos o padres que se nos van en manos de nuestros dos victimarios principales: la violencia o la migración.  En fin, no es necesario enumerar los problemas con los que lidiamos diariamente en esta selva de cemento, lo que sí es cierto es que todos tenemos en común un tornado de sensaciones de desesperanza, cansancio, frustraciones, molestias y hasta rencor por la situación que estamos viviendo.

Los líderes de Caracas Mi Convive no escapan de esta realidad. Nelson de la Cota 905, tuvo que vender hace poco su máquina de afeitar, uno de sus preciados objetos, a Bs. 60 mil para poder comprar comida para su familia. “El dinero no me alcanzó para nada. Me quedé sin la máquina y sin los Bs.60 mil”, nos contó.

Sin embargo, hay otra realidad que está ocurriendo en los sectores populares de Caracas, y es que estos líderes comunitarios están sembrando una cuota de esperanza desde el trabajo, la coherencia y la constancia. Algo raro está sucediendo…¡Poder!, poder del bueno y del sabroso, porque no es de aquel que busca dominar o someter a un grupo, sino del que se transforma en algo colaborativo, que va regenerando confianza y resultados concretos en diferentes espacios.

Por esto mismo, iniciamos hace unas semanas un Taller Para Dar Taller que consiste en transmitir el conocimiento que aplicamos en nuestros Talleres de Prevención de Violencia a nuestros líderes comunitarios de El Valle, El Cementerio, La Pastora, Catia, el 23 de Enero y Caricuao, para fortalecer el poder que poseen construyendo los cambios que desean ver en sus parroquias desde su accionar individual.

Estos héroes de la convivencia están teniendo dos efectos: el primero, es canalizar sus propias adversidades, su dolor por haber sido víctimas de violencia, bien sea por haber perdido algún ser querido o por sufrir de los abusos de las fuerzas del Estado en operativos de mano dura como la OLP. El segundo, está relacionado a la influencia en su contexto inmediato, en convertirse en el ejemplo a seguir para otros jóvenes involucrados en la violencia, que éstos no decidan ser el próximo “pran” de una cárcel sino el próximo líder de su comunidad.

La sed de conocimiento y aprendizaje de estos héroes es infinita, es merecedora de admiración por la sensibilidad, empatía y reconocimiento que tienen ante otros, con sus diferencias y oficios viciosos. Lo mejor, es que el compromiso al cambio de este equipo de convives se puede resumir en una palabra: ESPERANZA, aferrada en las evidencias de poder ver y sentir cómo se reconstruye la memoria, la confianza, la organización comunitaria y el poder colectivo – desarmado, desde luego –  en lo más básico del ser humano: nuestro comportamiento. Nuestra forma de comunicarnos, de trabajar y hasta de querernos. De respetar un paso peatonal, de no colearnos y de juntarnos para reclamar lo nuestro.

Los rastros de la OLP

Crecer con miedo

“Tócame el corazón”, comentó Juan, luego de que un grupo de 10 policías uniformados y con armas largas, medianas y cortas, pasara en absoluto silencio y con el dedo en el gatillo frente a la pieza donde su madre cocina para los niños de Alimenta La Solidaridad. “Me asusté”, dijo poco después, enseñando sus manos temblorosas.

Juan tiene 10 años, vive en la Cota 905 y sabe diferenciar a los funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) de aquellos de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) y de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim), cuerpos policiales que responden a la Organización por la Liberación del Pueblo (OLP). Juan sabe que “los de negro” -como les llaman a los funcionarios del Sebin- entran a las comunidades con los rostros cubiertos y objetivos extrajudiciales, sabe incluso en qué paredes se encuentran las marcas de las balas que le quitaron la vida a los vecinos de su sector.

Así como Juan, los niños de muchas comunidades populares son víctimas de la violencia estatal, producto de las políticas de mano dura implementadas por el Estado. Su realidad está empañada de actos violentos como enfrentamientos armados, balas perdidas, allanamientos, desapariciones forzosas y ejecuciones extrajudiciales. Se vuelven víctimas al no poderse sentir seguros en su propio hogar y al saber que sus padres no pueden garantizarle esa protección, son víctimas por reconocer el sonido de un arma de fuego al activarse y saber cómo, cuándo y dónde cayeron los jóvenes en manos de la policía u otras personas que creyeron resolver un conflicto con un arma.

Vivir en una comunidad afectada por la violencia armada tiene consecuencias tanto para los niños victimizados de manera directa como para aquellos que son testigos o se sienten amenazados en dicho ambiente (Naciones Unidas, 2016). Son niños que están creciendo en un clima de inseguridad, miedo y violaciones a los derechos humanos que pone en riesgo su bienestar y desarrollo cognitivo, emocional y conductual.

La confianza en sí mismo y en otros es la base para el desarrollo de los pequeños y depende, en gran medida, de la capacidad que tiene la familia para responder a sus necesidades y proveer un nivel de cuidado constante. Para un grupo familiar que hace vida en una comunidad afectada por la violencia los niveles de cuidado y protección se ven comprometidos, afectando el desarrollo (Erikson, citado en Craig, 1992).

Secuelas de la violencia

Los niños como Juan consumen su energía en aprender normas implícitas de seguridad, en su propia defensa o en los miedos o terrores producidos por la violencia, perjudicando de esta manera el desarrollo de sus habilidades sociales y académicas (Halpern, 1990). Las secuelas de la violencia pueden presentarse en distintas esferas de su desarrollo: pueden tener dificultades en su trato con otras personas, aislarse, manifestar rebeldía y hostilidad, padecer de memoria distorsionada y capacidades cognitivas comprometidas, pueden incluso tener dificultades para imaginarse a sí mismos desempeñando un papel importante, lo que limita su vida futura (Torres-Fermán et al., 2012).

Como una enfermedad contagiosa, la violencia se transmite entre individuos y a través del tiempo. Los niños expuestos a la violencia suelen incorporar la ira como forma de responder o actuar ante el ambiente, lo que incrementa el riesgo de perpetuar y reproducir en su vida adulta comportamientos violentos. Crecen, además, con la creencia de que portar y utilizar un arma es normal y que además les otorga el reconocimiento y respeto de los otros. Crecen con una percepción distinta e ínfima del valor de la vida.

Las políticas de mano dura como estrategia o recurso solo generan más dolor y violencia. Su ejecución restringe aún más las oportunidades de crecimiento y desarrollo de las comunidades populares y las personas que allí hacen vida. En este sentido,  la construcción de relaciones interpersonales positivas, el apoyo emocional y la convivencia cobran una mayor relevancia en lo que es el afrontamiento y la compensación de estas adversidades.

Desde Caracas Mi Convive trabajamos día a día para que situaciones como la que tuvo que presenciar Juan no se repitan más, para que todas las personas y principalmente los niños, que son el futuro de nuestra nación, no se conviertan en víctimas de la violencia armada por parte de cuerpos policiales del Estado. Es por ello que junto a siete países más de Latinoamérica formamos parte de la campaña regional llamada Instinto de Vida, para exigir la reducción de homicidios y que la violencia se aleje definitivamente de la vida de tantos niños.

Reporte Monitor de Víctimas: Junio

Reporte del mes de junio del Monitor de Víctimas

Durante el mes de junio el Monitor de Víctimas recolectó información asociada a 131 homicidios en el Área Metropolitana de Caracas. Su análisis permitió identificar que los funcionarios de seguridad del Estado, tanto civiles como militares, se han convertido en uno de los principales grupos victimarios en Caracas, por encima de las bandas criminales, en tanto que fueron responsables de 35% de los homicidios del mes.

Denunciar estos hechos es necesario para que la sociedad tome conciencia sobre la magnitud del problema. Es por ello que junto al medio digital Runrun.es damos visibilidad a estos hechos que muchas veces son ignorados o buscan ocultarlos.

Lee el reporte completo aquí: