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Alejandro Schembri

¿Nacionalismo o calidad de vida?

“Toda mi familia me dice que me vaya del país por todo lo que me ha pasado, pero aún estoy joven y tengo la esperanza de que esto se arregle”, mencionó Alejandro Schembri, quien se ha topado con la violencia en varias oportunidades, y en una de ellas a manos de un efectivo policial.

Salir, compartir y comer con sus amigos casi todos los fines de semana está entre los gustos preferidos de este joven. Sin embargo, uno de esos días, mientras regresaba a su casa, la voz nerviosa de un Policía Nacional Bolivariano detuvo a Alejandro para revisar sus papeles de circulación, por lo que él, sin ningún inconveniente, se bajó de su moto para hacerle entrega de los mismos, pero, ocurrió lo inesperado: el policía junto a otros tres funcionarios le pidieron las llaves del vehículo diciéndole “te agarró el hampa”.

Al resistirse al robo por parte de los efectivos forcejeó con uno de ellos, quien sacó su arma y le propinó tres disparos, el más grave impactó en su dedo pulgar, que le tuvieron que reconstruir. Pese a lo sucedido, Alejandro aún vive en Venezuela, y no quiere partir de esta tierra.

Salidas a discotecas caraqueñas, tomar con sus amigos y estar hasta altas horas de la noche en la calle ya no son sus prioridades, debido a que una de esas noches de disfrute y diversión, al llegar a su casa, cuatro hombres pertrechados con armas largas y cortas lo sometieron y se lo llevaron secuestrado mientras que de su casa, donde tenían a sus hermanos maniatados, sacaron televisores, prendas y demás objetos de valor.

“Toda mi familia me dice que me vaya, pero no está en mis planes. Yo sé cómo se mueven las cosas aquí. Venderé las motos y andaré a pie, no sé, pero yo no me voy”, aseguró.

Alejandro es dueño de tres negocios en el centro de Caracas donde venden prendas, perfumes y maquillaje. Espera retomar sus estudios en algún momento, pues se quedó en el octavo semestre de Arquitectura, sus padres lo motivan para que termine la carrera y obtenga su título. “Mi madre me dice que me va bien en el negocio pero que me gradúe”. Ellos, por la misma situación del país, ya tienen un año residenciados en Colombia.

“Me gustaría ejercer mi carrera y dejar a mi novia encargada de los negocios. Mi felicidad la consigo con ella, y en las motos, por supuesto”, aseguró muy sonriente. “Aunque ya no las saco, las arreglo, las lavo y las guardo, porque ahora vivo con un miedo encima, me pregunto si se me quitará esto algún día”, continuó.

A pesar de los altercados, Alejandro no ha pensado en ningún momento irse de su país. Él asegura no tener nada en contra de los que se van, pero por su parte guarda la esperanza de que todo se va a mejorar. Tiene planes de casarse y formar una familia, pero en ningún otro lado que no sea en Venezuela.

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