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Aura Rengifo

Aura Rengifo: Lo que hace falta es patear el barrio

“Hasta el más grosero, hasta el más malandro, yo siempre con educación los estoy combatiendo. Ellos son seres humanos igual que nosotros, no tienen a nadie que los oriente, que los ayude, si se consiguen a una persona que les da educación y respeto, ellos sentirán respeto”.

Ella es Aura de Rengifo, una señora querida por muchos en su comunidad. Es madre, educadora y líder comunitaria. Proveniente de Colombia, de la Guajira, llegó a Caracas teniendo tan solo 10 años y trabajó en una peluquería en donde conoció al amor de su vida, Esteban, con el que se casó a los 24 años y formó su hogar en el barrio La Luz en La Vega.

Con el paso del tiempo, Aura conoció a muchas madres del barrio y más adelante comenzó a participar en la comunidad, logró ser presidenta de la junta comunal durante varios años. Fue fundadora de la escuela San Miguel y ayudó a conseguir el equipamiento para el recinto escolar. Actualmente no ha dejado de contribuir con el desarrollo educacional de su comunidad porque “un líder se hace responsable de todo en lo que participa”, explicó.

“Veía a la población de la comunidad sin un colegio donde estudiar, me di a la tarea de recoger a todos los niños, y en la casita de enfrente los metí. Conseguí pupitres, pizarrón, entre otras cosas, y les dábamos clases. Me movía por todas partes para conseguirle cupo a todos los muchachos en distintas instituciones”, comentó.

Aura fundó hace años el Grupo Rescate, a través de él reclutó jóvenes con problemas de conducta, de drogas y alcohol, les enseñó poesía, canto, baile y demás actividades. Vivió de cerca la violencia al enterarse de la muerte de dos chicos a los que ayudaba; a uno le arrebataron la vida de 15 disparos, participaba en los bailes de los eventos que organizaba para la comunidad; el otro joven era un estudiante de la Universidad Central de Venezuela, aún se desconocen las razones de su asesinato.

Esta líder comunitaria no solo sintió esa pasión por ayudar a los niños del barrio sino a las personas de la tercera edad, ella hacía lo necesario para conseguirle los medicamentos o cualquier otra cosa que necesitaran. Si había algún vecino enfermo, buscaba la forma de ayudarlo.

“En el Este es un mundo y en el barrio es otro. El mundo del barrio es muy fuerte, hay mamás que por sus condiciones económicas dejan a sus hijos solos por tener que ir a trabajar, la mayoría son madres solteras o son viudas porque les han matado el esposo. Los niños son los que más sufren en la comunidad”, explicó Aura.

Esta líder comunitaria encuentra su felicidad en los trabajos sociales que realiza, en sus hijas y en su fallecido esposo, al que le agradece por toda la compresión y cariño que le brindó por tantos años. Siempre ha creído en la unidad de la familia.

Según Aura, para que la comunidad haga cosas buenas hay que ponerle ganas y corazón. “Ahorita el liderazgo está fuerte, hay mentalidad de odio, el ‘yo’ por delante. Hay que volver a motivar a la gente porque no les gusta ir a las asambleas, dicen que siempre es lo mismo. Hay que volver a traerle a la gente lo que se merece: respeto, ayuda y apoyo. Hay que empezar desde abajo, casa por casa. Aquí lo que hace falta es patear el barrio”, señaló.