In Cuéntame Convive

Fabiola Morachini

De tripas corazón

“Yo lo poco que he tenido me lo he ganado honradamente y siempre le he inculcado eso a mis hijos, los valores de la humildad, el respeto. A mí no me tocó de otra que salir a la calle a trabajar para mantener a mis hermanos, mis hijos y a mi mamá”.

“Mi vida fue feliz hasta que mi mamá se enfermó. Se derrumbó la familia. A los 18 años abandoné los estudios para hacerme cargo de ella. Estuvo 26 años en silla de ruedas a causa de varios ACV hasta hace 3 años que murió.

Me tuve que encargar de mis hermanos. A ambos los mataron, uno a los 17 y al otro a los 16. Los malos caminos los llevó a eso; varias veces estuvieron presos. Viví el calvario que viven muchas madres al tener que visitar a sus hijos en las cárceles. A mí se me escapaban de las manos, yo apenas tenía 18 años.

Mi hermana cayó en las drogas y eso ha sido peor que padecer cáncer. Le digo que tiene que luchar por sus hijos pero no lo hace.

Cuando mi madre estaba enferma hice de todo para poder llevarla a hacerse sus exámenes en el hospital, trabajé hasta cargando material de construcción. Pero todo lo que he hecho y tenido lo he ganado honradamente. Eso siempre se lo digo a mis hijos; hay que cuidar la humildad, el respeto, el amor.

Soy madre de dos hijas y un varón que adopté de 3 meses, la mamá del niño me lo dejó para que se lo cuidara y hoy día ya tiene 23 años, nunca volvió por él. Incluso me acusaron de que me lo había robado, gracias a la comunidad que atestiguó a mi favor no terminé en la cárcel”.

Una casa o la perdición de la juventud

“En una oportunidad perdí mi casa, se derrumbó debido a un árbol que está en la parte posterior. Busqué ayuda en los entes competentes y no he recibido respuesta, la única vez que la recibí, la cooperativa encargada se robó el dinero. Anduve en la calle, me vi con el escaparate y la cama en la acera, tocaba puertas y me decían ‘se pueden quedar los niños pero tú no’ o ‘se queda uno y otro no’ y en varias oportunidades me tocó dormir afuera de la escuelita con mis hijos en los brazos y los otros durmiendo en las otras casas.

Siempre he querido una casa para mi familia. Sé que algún día la tendré. Mientras, le he ensañado a mis hijos que hay que disfrutar lo que Dios nos da en el momento. Y creo que he sido un buen ejemplo para mis hijos: todo en la vida es un sacrificio. Pedir prestado es siempre mejor que robar.

Ahora mismo pienso que mi tormento es mi sobrino, que se ha ido desviando del buen camino. Tener una casa no me angustia tanto como perderlo a él. Es muy difícil porque tiene 15 años y su propia madre es quien lo invita a fumar y a tomar, no es fácil crecer sin una madre que haga de madre. A esa juventud hay que darle mucho amor, dedicarse por completo”.

Del corazón viene la fuerza

“Mis hijos me han motivado a salir adelante, también merecemos vivir mejor, siempre les he dicho que nunca esperen que les traigan las cosas, ellos tienen que ir a buscarlas de buena manera. Quiero darles algo mejor a mis hijos.

La felicidad que más deseo, más que tener casa, es conseguir paz espiritual. He sufrido mucho pero la fuerza para seguir la saco del corazón. Tengo fe en que Dios me va a conceder ese deseo.

Estoy orgullosa de mi comunidad por el apoyo, es unida pero muchas veces hay discusiones por posiciones políticas. Estoy dispuesta a hacer lo que sea para que salga adelante. Si empezamos a trabajar sí que se lograrán muchas cosas buenas”.