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Liliana Pérez

Los caminos de la vida: las buenas y malas decisiones

Muchas de las jovencitas que hoy día eligen estar con un malandro por pensar que son atractivos simplemente no se valoran, comentó Liliana, quien es una adolescente víctima de la violencia por parte de un antisocial que un día decidió quitarle la vida a su padre luego de robarlo.

Liliana Pérez es una joven de 16 años de edad perteneciente a la parroquia San Agustín. Allí vive junto a su mamá, con quien ha tenido que luchar para “echar pa’ lante” desde que tenía 13 años para ayudarla a levantar su hogar.

“Hace tres años que a mi padre lo asesinaron. Él salió a comprar una bombona de gas y quisieron robarlo. Se opuso a que le quitaran su moto, y justo pasaba una patrulla de la policía durante el atraco, lo que hizo que el joven se pusiera nervioso y le disparara (…) Cuando me enteré estaba en mi casa con mi hermanita, una vecina me avisó. Al salir escuché que hablaban unos jóvenes, y con frialdad uno de ellos decía ‘es que mataron al papá de esta’, justo cuando yo pasaba a su lado. A los dos meses de matar a mi papá a ese muchacho lo asesinaron”, relató.

El padre de Liliana era el pilar económico de su hogar, quien llevaba el pan a la mesa mientras su madre se encargaba de la crianza de ella, su hermana y hermano. Desde que lo asesinaron, su mamá tuvo que tomar las riendas y salir a la calle a buscar trabajo.

“Mi madre se ha hecho cargo de nosotros. Comenzó a trabajar en una empresa de aseo y ha ido ascendiendo laboralmente. Pero no ha sido fácil”, explicó.

Liliana estudia Administración mención Turismo en el Colegio Don Pedro de Fe y Alegría, en San Agustín del Sur. Su sueño es estudiar Derecho o Estudios Internacionales en la universidad.

“Mi inclinación a estudiar Derecho debe tener mucho que ver con lo que me ha pasado. De una u otra forma me gustaría ayudar a las familias que son víctimas de estas injusticias, pareciera que en los tribunales se les brinda más apoyo a los victimarios que a las víctimas. Aunque el asesino de mi padre haya fallecido, asesinado también, eso no lo considero justicia. Pagar de una u otra forma en vida, por lo que has hecho, eso sí es justicia. Y es que no solo basta el apoyo familiar cuando ocurren los hechos delictivos de los cuales todos podemos ser víctimas, hace falta un apoyo mayor, de las leyes, del Estado”, aseguró.

La vida debe continuar

Para Liliana y su familia fue muy difícil sustentarse luego de su pérdida familiar. Sin embargo, han salido adelante, se han impulsado del modelo de trabajo y superación que dejó su papá. “Mi madre me ha dicho, luego ser una ama de casa, ‘yo he aprendido a vivir después de que tu padre murió’, porque tuvo que salir al mundo para sacarnos adelante. Esa es mi fuerza, su ejemplo”, comentó.

“Quisiera que hubiese justicia, y conocer los problemas del mundo. En la Fundación Embajadores Comunitarios creció mi interés por los estudios, me gustaba cómo quienes estaban en esa organización se expresaban, trabajaban, se comunicaban; he aprendido a trabajar en equipo, a presentarme frente a un público y poder comunicarme, he aprendido algunas técnicas de liderazgo (…) A mi papá le decían ‘El Líder’ porque colaboraba mucho en la comunidad, organizaba a los jóvenes los fines de semana para limpiar la zona, recoger y almacenar la basura, le gustaba que el entorno estuviese limpio. Él nos inculcó valores; respeto, amor, estudio, siempre estaba pendiente de nuestro rendimiento, se interesaba mucho en nuestras lecturas. Me gusta leer gracias a él. Quiero que él esté orgulloso de mí”, mencionó.

Cuando Liliana se entristece al recordar a su padre, trata de llenar ese vacío estando con sus amigos, con su familia, leyendo un libro o viendo una película, de esa forma trata de conseguir un poco de felicidad. Sin embargo, a veces suele cuestionarse sobre la labor que él hacía en su comunidad, porque considera que esta no ha respondido con suficiente responsabilidad.

“Aquel proyecto de limpieza que organizaba mi padre no siguió recibiendo el apoyo de todos, es como si solo colaboraran con basura y no con la limpieza. Me gustaría que mi comunidad fuese más unida, menos egoísta. Pero es que creo que ese sentido de responsabilidad, el tener valores, es una cuestión de familia, y desde niños deberíamos inculcar principalmente el respeto por los demás. Porque aunque no estemos involucrados con nuestra comunidad al menos debemos respetarnos”, aseveró.

Liliana vive en un edificio de la Misión Vivienda, y ella presencia cómo en una de las torres que tiene al lado venden droga a la vista de todos, sin el reclamo de nadie. “Yo sé que quienes se van por ese mal camino no han tenido el apoyo de sus padres, la familia no ha estado con ellos. A todos los jóvenes se les presentan dos caminos, el bueno y el malo, pero, ¿quién está ahí para decirle cuáles serán las consecuencias cuando escojan por cuál camino andar?”, se cuestionó.

A pesar de las circunstancias, Liliana Pérez decidió no tomar el mal camino, el violento, el de las malas consecuencias, bien puede ser por los valores que le inculcaron sus padres, o por haber tomado conciencia sobre las repercusiones de cometer malas acciones.

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