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Wilmer Benavente

Wilmer Benavente: En la convivencia está la fortaleza

“Soy el tercero de cuatro hermanos. Siempre fui el niño rebelde de la casa, el más agresivo. Si a ti te dan palo, tú también los vas a dar. Yo andaba en una vida veloz; en el mundo de la calle uno ve cosas como drogas, alcohol, mujeres (…) me la pasaba robando, hasta que en un momento me tocó la justicia. Mis amigos me abandonaron y mi esposa me hizo reflexionar, me mostró que la vida era distinta, me dio una oportunidad”, relató Benavente.

Wilmer Benavente es un hombre de 41 años de edad que nació en la parroquia capitalina La Pastora. Vivió hasta los 17 años en la Urbanización Obrera Municipal Lídice, hasta que sus padres lo llevaron a Altagracia de Orituco, un pueblo del estado Guárico. “Allí tuve ciertos altibajos y por eso me devolví a Caracas, con muchos tropiezos”, mencionó. “Yo soy el más rebelde de mi familia. Mis dos hermanas estudiaron y mi hermano tiene una profesión”, agregó.

Para Wilmer, uno de esos tropiezos significó ser padre siendo muy joven. Habiendo alcanzado apenas la mayoría de edad, tuvo que asumir la responsabilidad de criar un hijo, en este caso, a una niña, que hoy día tiene 23 años de edad.

“A mis 22 conocí a alguien maravilloso: mi esposa Yusbeli Luz”, comentó. “Ya vamos para 20 años de casados. Ella me demostró que la vida era distinta justo cuando yo me la pasaba en las calles robando”, agregó.

Wilmer estuvo preso durante 15 días en el Helicoide, sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin). Para él, esta fue una experiencia “dura y represiva”. La razón por la que cayó en la cárcel fue por realizar un mal negocio en el que lo traicionaron sus amigos, según relató.

Sin embargo, por su esposa decidió no vengarse de quienes lo habían traicionado. Su mujer lo convenció de ello y lo animó a dejar los malos pasos. “O te sales de esa vida, o me salgo de tu vida”. Esas fueron las palabras de Yusbeli que hicieron ver a su marido que el camino que estaba eligiendo para llevar su vida no era el adecuado, por lo tanto, ella no lo acompañaría en ese sendero de malas andanzas.

Wilmer nos contó que muchos de sus amigos y vecinos “cayeron en el malandreo”. Su compadre era un “líder de vida”, como así le llamaba. “Lo metieron preso pero salió y le propinaron 4 tiros. Era el único varón en la familia, así que nadie persiguió al asesino, pero la misma mafia mató al criminal un año después”, comentó.

Según Wilmer, “la clave para bajar la inseguridad es una buena educación; que haya trabajo y que hayan cuerpos del Estado eficientes (…) hay mucha corrupción, hay desconfianza porque ellos son los primeros que infringen la ley”.

Para este hombre, cuyo pasado delictivo le hizo ver la vida desde otra perspectiva, considera que existe la necesidad de una política de reinserción social que recalque valores como la hermandad, para que la comunidad trabaje como una familia y así se evite fomentar la violencia entre los miembros de la misma.

Wilmer asegura que con las latentes agresiones que se viven en los barrios y diversas localidades, es más difícil que los jóvenes cambien y quieran unirse a actividades que realmente traigan beneficios para la sociedad.

Una oportunidad de cambio

Hace tres años Wilmer tuvo la oportunidad de conocer la labor del movimiento social Caracas Mi Convive, organización que se basa en promover la convivencia mediante actividades que estimulen la disminución de la violencia.

Esta organización le propuso un entrenamiento para que tuviera las herramientas necesarias para liderar un espacio en su comunidad en La Pastora que sirviera como agente de cambio para todos los niños de su zona. Wilmer tiene un cariño especial por los más pequeños, él sueña con volver a tener una convivencia como, según él, antes se veía en su sector.

“Caracas Mi Convive es gratificante, es un granito de arena que le pones a la vida. Ofrece nuevas oportunidades como ver una obra de teatro o hacer sancochos comunitarios. Yo me centro en los chamos porque ellos están escribiendo la historia”, manifestó. “Las circunstancias de la gente humilde son la que los lleva a cometer errores. Cuando robas ves la vida más fácil, pero para un malandro solo hay tres chances: muerto, preso o perseguido”, aseguró.

Tanto Wilmer como muchos venezolanos piensan que “cada día los políticos son más excluyentes con la sociedad. No les interesa la comunidad, solo vienen al barrio a tomarse la foto. Lo que les importa es el puesto y nada más”, aseguró.

No obstante, este hombre asegura que Caracas Mi Convive está dando nuevas oportunidades, está arrojando un cambio.

“En la convivencia está la fortaleza para que en todas las comunidades haya un cambio trascendental. Nosotros estamos escribiendo una nueva historia en las comunidades, y eso es por no nos enganchamos al pasado, porque del resentimiento es que proviene la violencia”, aseguró nuestro convive, Wilmer Benavente.

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