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Retratos contra la impunidad

Código 62, retratos contra la impunidad

El pasado jueves 19 de julio inauguramos en el tercer piso del Centro Cultural Padre Carlos Guillermo Plaza s.j. de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), la exposición fotográfica Código 62, retratos contra la impunidad: una composición de retratos bajo el lente de Gabriel Osorio y relatos de familiares que pretende visibilizar los efectos desgarradores e irreversibles de las políticas de mano dura (la militarización de la seguridad ciudadana) sobre las familias de los sectores más vulnerables y excluidos de Caracas, cuyos hijos, nietos y hermanos han sido víctimas de ejecuciones extrajudiciales. Las historias, narradas por los mismos familiares, sirven como un acto de denuncia, pero también dan testimonio de un movimiento que surge de quienes desde el primer día se oponen al silencio y la impunidad del Estado.

Verónica Zubillaga, sociólogo experta en violencia de la Red de Activismo e Investigación por la Convivencia (Reacin) en el foro «Qué derechos? Una aproximación a la violencia policial»

Para contextualizar la exhibición, la jornada inició con un foro presentado por el Monitor de Víctimas llamado ¿Qué derechos?: Una aproximación a la violencia policial, encabezado por Lorena Meléndez, periodista de investigación de Runrun.es, Verónica Zubillaga, sociólogo experta en violencia de la Red de Activismo e Investigación por la Convivencia (Reacin), y Santiago García y Juan Francisco Mejía del equipo del Monitor de Víctimas de Caracas Mi Convive.

¿Qué hay detrás de Código 62, retratos contra la impunidad?

Código 62 se realiza en el marco de la Red de Atención a la Víctima, cuyo objetivo es poder servir de puente entre lo privado y lo público; entre la vivencia individual de la pérdida y el señalamiento a los responsables, la politización del dolor de quienes sistemáticamente han sido, y continúan siendo, víctimas de abusos por parte del Estado, cuidando siempre la integridad y seguridad de quienes confían sus historias. 

Exposición Código 62, Centro Cultural Padre Carlos Guillermo Plaza s.j., UCAB

Los retratos y relatos de los familiares no solo reflejan cómo los familiares vivieron los acontecimientos, también rinden homenaje a ellas, principalmente mujeres, que se han propuesto lidiar con el dolor de la pérdida a través del activismo. Pero, ¿qué hay detrás de la planificación de una exposición que pretende visibilizar violaciones de Derechos Humanos?

Nos encontramos con el temor de las personas y organizaciones propietarias de tres espacios donde solicitamos hacer la exposición, antes de dar con el Centro Cultural de la UCAB; con miedo de ser, también ellos, víctimas de estos abusos policiales. Entendemos que en cierta medida ya son (somos) víctimas de la intimidación que lleva a optar por el silencio, que lleva a procurar la preservación de lo propio, a pesar del nivel de malestar que esto pueda producir por lo ajeno: no lo entendemos como falta de empatía sino como la reacción natural ante los mecanismos de control social que se perciben cada vez más cercanos.

El proceso de construcción de la exposición pasó por proponer la idea y desarrollar sus objetivos: tomar las fotografías a los familiares sosteniendo un retrato de su ser querido, levantar las historias, transcribirlas, sintetizarlas, volver a sintetizarlas y por último, hace un par de semanas, nos reunimos con las homenajeadas para revisar sus impresiones sobre la redacción de las historias, para hacer las modificaciones que consideraran necesarias y aprobaran las versiones finales de sus historias, tal como habíamos acordado que haríamos. Después de todo, son ellas quienes nos prestan ese pedacito de su vida para articular una movilización que permita visibilizar los abusos del Estado y el dolor que los acompaña, desde la perspectiva del familiar de la víctima.

Las madres revisando sus historias

Pero lo más importante, en el trabajo con las homenajeadas (las madres y otros familiares de estos jóvenes), nos encontramos con dos caras de la misma moneda: por un lado el deseo de guardar silencio, de dejar a un lado el dolor solamente por un momento, nos encontramos con la culpa y la impotencia frente a la pérdida inesperada, abusiva y violenta, con la desesperanza y el miedo de enfrentarse a un sistema judicial con poca disposición a hacer justicia, nos encontramos con el deseo, a veces latente y a veces explícito, de “normalidad”, de que todo sea como antes.

Sin embargo, nos encontramos también con la valentía y perseverancia de seguir, semana a semana, sus casos y denuncias en las instituciones públicas competentes, nos encontramos con el deseo de asignarle palabras al horror que no puede ser nombrado, de ponerle fecha, hora y responsable a lo ocurrido, nos encontramos con el ambiente solidario y empático de quien comparte la experiencia, pero también de quien la escucha y pone a la orden un abrazo comprensivo; nos encontramos con la ilusión y la esperanza de lograr el reconocimiento de la vida del hijo a través de la visibilización de su historia, tanto dentro de su comunidad como en otros espacios, como la exposición, como una manera de sentirse conectadas de alguna manera con su hijo, esposo o nieto, que les ha sido arrebatado.

¿Existe la pena de muerte en Venezuela? ¿Existe el derecho a la vida en nuestro país? Ambas, preguntas retóricas que se pasean por la cabeza de los miembros de la Organización de Familiares de Víctimas de Violación de Derechos Humanos (Orfavideh), los homenajeados, a quienes procuramos acompañar en su paso al frente, el que deciden dar con signos de vida y valentía, pese a los intentos de desmovilización de quienes intentan borrar las huellas de injusticia y dolor que van dejando a su paso.

Puentes de encuentro

Decenas de personas se acercaron el día de la inauguración a escuchar y conocer las acciones de los cuerpos de seguridad en los sectores populares de la capital a través del foro. Luego, escucharon las palabras de Jennifer Rotundo y Elibeth Pulido, dos de las madres homenajeadas que dieron apertura a la exposición.

Una mujer del público se acerca a Jennifer Rotundo

Mientras algunos interactuaban con la exhibición, otros se acercaron a los familiares que ese día asistieron para ofrecer palabras de aliento y reconocimiento: una aproximación al puente entre la vivencia privada de la violencia y la injusticia, y la mirada del público dispuesto a ver y escuchar con solidaridad lo que estas madres tenían para narrar, dando sentido a la idea que meses atrás había empezado a construirse.

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