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Cuéntame Convive: Aracelis Sánchez

Aracelis Sánchez, una víctima más de la policía del Estado venezolano

Aracelis es una madre de 48 años de edad del sector El Valle, víctima de la violencia por parte de cuerpos de seguridad del Estado. Su hijo mayor, Darwinson Aramis, fue asesinado en su propia casa por agentes de la policía.

“Ellos entraban a mi casa y me cobraban vacunas (dinero) todo el tiempo. Una vez tuve que vender hasta mi equipo de sonido para que no le hicieran daño a mi hijo”, comentó la señora Sánchez.

Un día Aracelis puso la denuncia y el fiscal dijo que “me quedara tranquila, que ellos no iban a hacerle daño a mi hijo. Él me comentó que lo que querían era meterme miedo. Yo le hice caso ese día y no les di nada. Es ahí cuando a Darwinson, de 20 años, me lo matan en el mueble de la casa”, explicó.

“No supe por qué me lo mataron. Cuando iba a tribunales, decían que mi hijo era un malandro y siempre buscaban excusas para dejar ese caso así, pero es falso, mi hijo no fue malandro ni nada por el estilo. Era buen estudiante, le habían otorgado cupos en diferentes universidades gracias a su promedio. Lo que sí me dijo una vez fue que tuvo una relación y que no había terminado muy bien con esa persona, quien tenía cercanía con la policía. Es eso de lo que sospecho”, mencionó.

Luego de vivir esa mala experiencia hace cuatro años, las personas que mataron a su hijo aún siguen en libertad, pero Aracelis no se quedó de brazos cruzados, sigue luchando para que se haga justicia con el caso de su hijo. También asesora en temas legales a madres que han pasado por esa situación a través de una organización llamada Cecodap, para así evitar que más casos queden impunes como el de su hijo.

A pesar de la crítica situación que atraviesa el país, Aracelis mantiene la esperanza de que todo mejorará. Actualmente, su otro hijo vive fuera de Venezuela, “cuando él salió sentí un alivio dentro de mí. Era una preocupación menos, porque temía que le hicieran algo a él”, expresó.

“Recuerdo perfectamente que la OLP pasaba por este sector constantemente y esa noche mi hijo debía salir del país. Estaba preocupada porque ellos paseaban por el barrio con sus máscaras. Son personas que crean terror en las comunidades. No nos quedó de otra que pasarles por enfrente con las maletas. Al dejarnos pasar, le dije con toda la alegría del mundo ‘Gracias a Dios que te vas de esta país, sé que es por tu bienestar’”, relató.

Aracelis quiere seguir preparándose profesionalmente, actualmente tiene pensado estudiar Derecho para ayudar a las demás víctimas como ella y exigir justicia en Venezuela ante tanta impunidad.

“Mi mensaje para las madres es que sigan luchando por el país, que vamos a seguir adelante y que todo lo malo, tarde o temprano, terminará”, mencionó Aracelis Sánchez.

La voz de las víctimas

Formas de asimilar el dolor a través de las historias

En contextos de violencia política como el que se vive actualmente en Venezuela, son incontables las maneras en que una persona puede convertirse en víctima: a través de un homicidio, siendo perseguido y amenazado, sufriendo torturas o violación sexual; incluso pueden  vivirse experiencias traumáticas siendo testigo de atrocidades, perdiendo a un ser querido, viviendo desplazamientos o experimentando el clima de miedo en la propia comunidad como resultado de las violaciones a los derechos humanos (Beristain, 2012).

Si la pérdida de un ser querido en contextos normales ya supone dolor y sufrimiento, la asimilación de una pérdida violenta es mucho más compleja; las condiciones en que se da la muerte, la responsabilidad del Estado sobre la misma y la impunidad consecuente son aspectos que alteran el proceso de duelo.

La falta de reconocimiento y explicación de lo sucedido, y la criminalización y acusaciones asociadas a las violaciones de derechos humanos tienen un impacto sobre la dignidad de la víctima que sufre el duelo y que pueden generar sentimientos de rabia, miedo, desconfianza o culpabilidad en relación a lo ocurrido. Estas son respuestas normales a un evento anormal, pero que necesitan canalizarse de alguna manera. La denuncia, el apoyo a otras víctimas o luchar por conseguir cambiar la situación son formas positivas de lograrlo (Beristain, 2012).

El día que fue grabado el vídeo de Miguel Castillo Bracho, conocimos y acompañamos a sus familiares y amigos en lo que sería, por naturaleza, una actividad que avivaría recuerdos y movilizaría emociones. “Me siento mucho más tranquila, más calmada. Por eso aprovecho cada oportunidad que tengo para contar su historia, para que la gente sepa quién era realmente Miguel”, explicó Luisa Castillo, hermana del joven Bracho, cuando le preguntamos cómo se sentía cada vez que daba declaraciones sobre la muerte de su hermano o participaba en alguna actividad que tuviera relación con el hecho.

Para  Luisa, contar la historia de Miguel al resto de la sociedad parece ser una forma de reparación simbólica.  Beristain (2012) explica en su Manual de apoyo psicosocial en las violaciones de Derechos Humanos que las medidas simbólicas buscan hacer un reconocimiento público de la víctima en el que se rescate su recuerdo y restablezca su dignidad. Además, estas pretenden comunicar una sanción moral a los responsables y hacer un reconocimiento del sufrimiento de las víctimas, tanto directas como indirectas.

La denuncia no solo busca reivindicar el nombre y mantener viva la esencia de la víctima, sino que representa una vía de obtención de justicia en la que se determina la responsabilidad del Estado autoritario, y es justamente la implicación de la sociedad en ese juicio, y no solo de las víctimas, la que condiciona la eficacia de esta medida simbólica de reparación (Beristain, 2012).

El reconocimiento de la verdad les permite a los seres queridos otorgarle significado a la situación y, de esta manera, asimilar las experiencias. Es por ello que encontrar el espacio y lenguaje para contar sus historias termina siendo una manera de enfrentar el impacto de las violaciones a los DDHH. Es una actividad que tiene sentido para las víctimas, principalmente porque en esta se mantienen lazos con ella al enfatizar los aspectos positivos, pero manteniendo una visión realista al poder registrar sus defectos.

Venezuela está atravesando duros episodios de violencia política que se traducen en desgracia para toda la población, principalmente para los familiares de las víctimas. Es por ello que historias como la de Miguel Castillo, Fabián Urbina, Andrés Cañizales y los más de 100 asesinados durante las protestas antigubernamentales deben recordarse, reconocerse y denunciarse. Nuestra voz es el instrumento más valioso que podemos usar contra la impunidad.