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La voz de las víctimas

Formas de asimilar el dolor a través de las historias

En contextos de violencia política como el que se vive actualmente en Venezuela, son incontables las maneras en que una persona puede convertirse en víctima: a través de un homicidio, siendo perseguido y amenazado, sufriendo torturas o violación sexual; incluso pueden  vivirse experiencias traumáticas siendo testigo de atrocidades, perdiendo a un ser querido, viviendo desplazamientos o experimentando el clima de miedo en la propia comunidad como resultado de las violaciones a los derechos humanos (Beristain, 2012).

Si la pérdida de un ser querido en contextos normales ya supone dolor y sufrimiento, la asimilación de una pérdida violenta es mucho más compleja; las condiciones en que se da la muerte, la responsabilidad del Estado sobre la misma y la impunidad consecuente son aspectos que alteran el proceso de duelo.

La falta de reconocimiento y explicación de lo sucedido, y la criminalización y acusaciones asociadas a las violaciones de derechos humanos tienen un impacto sobre la dignidad de la víctima que sufre el duelo y que pueden generar sentimientos de rabia, miedo, desconfianza o culpabilidad en relación a lo ocurrido. Estas son respuestas normales a un evento anormal, pero que necesitan canalizarse de alguna manera. La denuncia, el apoyo a otras víctimas o luchar por conseguir cambiar la situación son formas positivas de lograrlo (Beristain, 2012).

El día que fue grabado el vídeo de Miguel Castillo Bracho, conocimos y acompañamos a sus familiares y amigos en lo que sería, por naturaleza, una actividad que avivaría recuerdos y movilizaría emociones. “Me siento mucho más tranquila, más calmada. Por eso aprovecho cada oportunidad que tengo para contar su historia, para que la gente sepa quién era realmente Miguel”, explicó Luisa Castillo, hermana del joven Bracho, cuando le preguntamos cómo se sentía cada vez que daba declaraciones sobre la muerte de su hermano o participaba en alguna actividad que tuviera relación con el hecho.

Para  Luisa, contar la historia de Miguel al resto de la sociedad parece ser una forma de reparación simbólica.  Beristain (2012) explica en su Manual de apoyo psicosocial en las violaciones de Derechos Humanos que las medidas simbólicas buscan hacer un reconocimiento público de la víctima en el que se rescate su recuerdo y restablezca su dignidad. Además, estas pretenden comunicar una sanción moral a los responsables y hacer un reconocimiento del sufrimiento de las víctimas, tanto directas como indirectas.

La denuncia no solo busca reivindicar el nombre y mantener viva la esencia de la víctima, sino que representa una vía de obtención de justicia en la que se determina la responsabilidad del Estado autoritario, y es justamente la implicación de la sociedad en ese juicio, y no solo de las víctimas, la que condiciona la eficacia de esta medida simbólica de reparación (Beristain, 2012).

El reconocimiento de la verdad les permite a los seres queridos otorgarle significado a la situación y, de esta manera, asimilar las experiencias. Es por ello que encontrar el espacio y lenguaje para contar sus historias termina siendo una manera de enfrentar el impacto de las violaciones a los DDHH. Es una actividad que tiene sentido para las víctimas, principalmente porque en esta se mantienen lazos con ella al enfatizar los aspectos positivos, pero manteniendo una visión realista al poder registrar sus defectos.

Venezuela está atravesando duros episodios de violencia política que se traducen en desgracia para toda la población, principalmente para los familiares de las víctimas. Es por ello que historias como la de Miguel Castillo, Fabián Urbina, Andrés Cañizales y los más de 100 asesinados durante las protestas antigubernamentales deben recordarse, reconocerse y denunciarse. Nuestra voz es el instrumento más valioso que podemos usar contra la impunidad.

Identificando prioridades

Buscando nuevas maneras de acompañar

Por Ylene Vera y Camila Oropeza

La práctica comunitaria nos ha revelado pensamientos y sentimientos que artículos como el de Llorens (2003) logran ordenar y explicar desde una perspectiva psicológica. Al acercarnos a familiares de víctimas lo hacemos tratando de comprender a la persona y su sufrimiento. Sin embargo, hemos encontrado que los modelos convencionales podrían no adecuarse a víctimas que no solo están viviendo un duelo complejo, sino que hacen vida en sectores desfavorecidos. Buscando Conversaciones (Llorens, 2003) resume y rescata la importancia de agudizar la sensibilidad para realmente comprender las necesidades y las expectativas de las víctimas, diferenciando las prioritarias de las secundarias.

En estas circunstancias se debe dejar a un lado la imagen convencional de paciente: un ser pasivo al cual se le imponen una serie de intervenciones. Por el contrario, debe recordarse su vivencia y conocerse las percepciones acerca de sus problemas. El panorama cambia y es el psicólogo quien se acerca, es él quien debe alejarse del encuadre tradicional y convertir una sala de estar, una vereda o un puesto de venta de verduras en el espacio de confianza, para llevar una conversación terapéutica que acompañe y ofrezca comprensión.

Conocer y escuchar a familiares de víctimas nos ha llevado a modificar técnicas e intervenciones sobre la marcha, algo que desde Mi Convive entendemos como parte clave en la construcción de relaciones de confianza con los integrantes de la comunidad.

Desde el movimiento reconocemos el conocimiento como parte fundamental para cualquier intervención que posea una mínima profundidad; los textos de trabajo social aportan, en este sentido, ese conocimiento fundamental. Aun así, siempre habrá diferencias en la utilización de esas herramientas, ello forma parte del incesante movimiento de la existencia.

Te invitamos a leer el artículo completo.