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Derecho a la memoria

¿Cómo le ponemos cifra al dolor?

En una ciudad que se ha posicionado como la más violenta del mundo y en la que ocurren alrededor de 10 homicidios al día (Seguridad, Justicia y Paz, 2016), se han naturalizado las expresiones de violencia. El valor de la vida y de las personas detrás de cada homicidio son opacadas por las altas cifras de muertes violentas.

Red de Atención a la Víctima es un proyecto que nace al entrar en contacto con numerosas familias y comunidades que han visto como sus dinámicas han sido alteradas por la violencia letal. Una población que además se encuentra desatendida y silenciada por la impunidad y la falta de políticas de investigación e intervención que permitan mitigar, proteger y atender sus necesidades.

De esta manera se busca prestar atención psicosocial a los familiares de las víctimas y realizar un acompañamiento individual, familiar o comunitario orientado a hacer frente a la pérdida violenta del ser querido. Se busca promover el bienestar, el apoyo emocional y social a los familiares y desarrollar capacidades que permitan elaborar el duelo sin recurrir al ajuste de cuentas. Todo esto con el apoyo de líderes comunitarios sensibilizados en el tema y la atención de aliados especialistas en el área legal y psicológica.

La Red de Atención a la Víctima ha apoyado a 330 víctimas de la violencia para generar mecanismos de desnormalización, reconocimiento y articulación. Hemos acompañado a 40 familiares de víctimas de homicidio en su proceso. A través de visitas, llamadas e invitaciones a actividades comunitarias se pretende estimular la participación ciudadana e identificar y canalizar, en lo posible, las necesidades de cada caso: asesoría legal, atención psicológica, denuncias, contacto con otros familiares de víctimas. Alrededor de 30 líderes comunitarios han sido formados en primeros auxilios psicológicos para lograr estos objetivos. 80 personas han participado en grupos de apoyo y otras 180 personas han formado parte de actividades de reparación colectiva; en las que se construye el recuerdo de la víctima o el significado de algún hecho violento y se sensibiliza a la comunidad sobre la pérdida violenta de un ser humano.

 

El poder de la narración

El acompañamiento inicia con una visita: un acercamiento personal en el hogar de la familia. Donde se invita a contar la historia de la víctima, a ir más allá de la cifra, conocer su nombre, su historia: ¿quién era, qué hacía, qué rol desempeñaba dentro de la familia, cuáles eran sus sueños, cómo ocurrieron los hechos y de qué manera están enfrentando la pérdida y el vacío que dejó?

Esta narración naturalmente moviliza múltiples emociones: tristeza, dolor, ira, rabia. Pero en ella también se inician procesos que le permiten a la persona reparar y elaborar la pérdida. Al construir y comunicar la historia, el doliente reordena los hechos, descubriendo muchas veces nuevos significados dentro de la misma experiencia. Por su lado, al ser escuchada su historia, se está reconociendo su pérdida y sufrimiento, recuperando a su vez la dignidad de la víctima.

Elizabeth Tarrío es una mujer de 58 años de edad. Su único hijo, Víctor, fue asesinado en el año 2012 por un efectivo de la Guardia Nacional en lo que se denomina un crimen pasional. Actualmente Eli (como la llamamos) dirige y supervisa la logística y el funcionamiento de los 10 comedores del programa Alimenta La Solidaridad, en el que se benefician 940 niños en situación de hambre de distintas comunidades. En el último año Eli ha contado su historia en numerosas ocasiones: a compañeros de trabajo, en pequeñas reuniones, en presentaciones y ponencias, entrevistas e incluso para las producciones audiovisuales del proyecto Cuéntame Convive (visita Cuéntame Convive Elizabeth Tarrío). Unos días atrás, en un encuentro con todo el equipo de Caracas Mi Convive, reproducimos unos cuantos videos, entre ellos el de Eli. Al terminar, se volteó y le comentó a las personas sentadas a su lado: “Es increíble como cada vez que cuento mi historia o veo el video, siento dolor, pero también calma, calma y orgullo de lo que hago. Me motiva a seguir”.

A retomar el control

La experiencia nos ha demostrado que la atención psicológica individual no suele encontrarse entre las necesidades principales de los familiares de las víctimas. Más allá de la complejidad y particularidad de los procesos que se acompañan, las características de la población con la que trabajamos merman el interés o valor que puede tener este tipo de apoyo: inmersos en un contexto de exclusión social, con dificultades para satisfacer las necesidades básicas, una alta exposición a violencia y sometidos mecanismos de control del Estado, la demanda de este tipo de atención escasea.

Sin embargo, el valor que atribuyen a los grupos de apoyo y espacios de encuentro e intercambio es mayor.

Cuando revisamos los casos con los que hemos tenido contacto, encontramos que 35% de estos homicidios han sido cometidos por los cuerpos de seguridad del Estado. Esto naturalmente genera mayor ira, desesperanza y aislamiento en muchos de los familiares. Sin embargo, una atención individualizada no es suficiente. Se deben tomar en cuenta los aspectos sociales y políticos vinculados a las violaciones de los Derechos Humanos.

Resulta necesario entonces encontrar un equilibrio entre el apoyo psicológico y actividades que ayuden a retomar el control sobre sus vidas. Es por esto que, para el 2018, queremos promover la construcción de relaciones entre los familiares de las víctimas que deriven en espacios de encuentro en los que se procese colectivamente la experiencia y el dolor de manera creativa. Nos planteamos estimular el intercambio de ideas, necesidades y expectativas que impulsen la creación de un músculo de denuncia y documentación de estas violaciones a los DDHH, medidas que resultan reparadoras para este tipo de experiencias (Beristain, 2012).

Aseguramos que es urgente atender estos casos rápidamente, pues las secuelas de la violencia y los traumas generados por ella limitan la capacidad de actuar de las comunidades, desarticulando el tejido social y reduciendo sus oportunidades de desarrollo. Ante este reto, nos hemos planteado la expansión de nuestra red para el 2018: sumando más voluntarios y organizaciones que nos ayuden a establecer un proceso claro de acompañamiento psicosocial, y así poder traducir estas experiencias en relatos con aprendizajes que permitan formular acciones y políticas dirigidas al acompañamiento de víctimas de violencia.

Lanzamiento de Instinto de Vida

Madres de Artigas piden fin a los homicidios en una Acción por la Vida

Eran las 10 de la mañana y ya en el barrio Unión de Artigas el ritmo de la salsa levantaba el ánimo de los presentes. Vecinos conversaban, niños reían y otros subían con dificultad algunas bombonas de gas hasta sus casas.

Foto Ángel Rivera

Cada vez llegaba más gente al sitio acordado, ese donde celebrarían el Día de las Madres con bastantes días de atraso. El pasado 12 de mayo las mamás de esta comunidad no pudieron festejarlo como de costumbre, la Operación Liberación y Protección del Pueblo (OLP) irrumpió en el sector mediante efectivos de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) encapuchados y armados que sin permiso alguno ingresaron a los hogares de la zona, robaron y mataron al menos a 7 personas.

Continuaron llegando personas al barrio, entre esas los representantes de las organizaciones participantes en la campaña latinoamericana por la reducción de homicidios, Instinto de Vida. Esta es llevada a cabo por un grupo de activistas sociales que trabajan de la mano para la prevención de la violencia en Venezuela. Entre ellos estamos Caracas Mi Convive, el medio de comunicación digital Efecto Cocuyo, la Red de Activismo e Investigación por la Convivencia (Reacin) y la ONG Redes Ayuda.

En el fondo del callejón, frente a unas escaleras que parecían infinitas, se encontraba la tarima del evento. Justo allí el líder comunitario de la zona, Jorge Santiago, anunció el inició de la actividad al presentar al padre Alfredo Infante, quien celebró una eucaristía en honor a los caídos de la comunidad.

Foto Ángel Rivera

Luego de la misa, la Escuela de Percusión Pedro Santiago García “Guapachá” se adueñó de la tarima. Al ritmo de sus timbales los jóvenes músicos pusieron a gozar a la comunidad entre aplausos y gritos de emoción.

Una montaña rusa de emociones envolvió a los presentes de la actividad. Luego de tener que contener las ganas de bailar, muchos tuvieron que retener sus lágrimas al escuchar los relatos de las madres víctimas de la violencia, quienes fueron el centro de la actividad.

Foto Ángel Rivera

Siete madres y un padre de distintas parroquias de Caracas contaron la historia del asesinato de sus hijos, quienes murieron en manos de efectivos policiales en jornadas de la OLP y de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB). Tras años o meses de los sucesos, estos padres aún claman justicia por los homicidios, asegurando, con pruebas en mano, que sus hijos no eran delincuentes para arrebatarles la vida, sobrepasando así las leyes de la nación.

Culminaron los relatos y el ambiente estaba lleno de tristeza. Así se mantuvo largos minutos mientras una artista plástico guiaba a los participantes a pintar con spray siluetas de cuerpos encontrados en una escena del crimen sobre un fondo negro. A su vez, un joven tocaba una melódica mientras entonaban poemas de Aquiles Nazoa y otros poetas.

Foto Ángel Rivera

De pronto, los ánimos se fueron caldeando con la llegada de la música del maestro Aquiles Báez y la cantante Ana Isabel Domínguez. Sentados en las escaleras y recostados a las paredes, los presenten disfrutaban del espectáculo mientras el hambre se iba asomando al ser estimulado por el olor del sancocho característico que ofrecemos desde Caracas Mi Convive en cada actividad.

Nuevamente la emoción fue creciendo mientras Báez pasaba de tonos suaves a una salsa jocosa. Así como el vaivén de las olas fueron los sentimientos en este encuentro de Acción por la Vida. Así como tratamos de sonreír ante tanto desastre y miseria que vemos en el país, las madres de Artigas pudieron celebrar su día, atípico no solo por estar a destiempo, sino porque muchas lo hicieron teniendo a sus hijos en el cielo.

Foto Ángel Rivera