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Robert Demmer

Robert Demmer: Si buscas la justicia por tus manos,  esta va a arremeter en tu contra y no te favorecerá en nada

“Fue un día de Santa Bárbara. Venía de la segunda calle de la Ceiba en San Agustín, con un compañero de infancia, veníamos de la celebración cuando nos conseguimos a un grupo de malandros en una de las encrucijadas del barrio, pero como eso es algo cotidiano, no le presté mayor atención. Seguimos caminando y cuando llegamos a la cancha donde desembocan todas las calles, me doy cuenta que eran los malandros del barrio vecino.

Yo conocía a uno de los delincuentes, cuando me vió me dijo ‘muchacho qué haces por ahí, anda, vete para tu casa’. Seguimos en la vía caminando rápido cuando uno de los malandros, que le dicen “Garitero”, le disparó a mi compañero en una pierna. Lo hizo por maldad, porque estaba drogado. Cuando me iba a disparar a mí, corrí lo más rápido que pude hacia unas escaleras y por los efectos de la misma droga asumo que no me vió. Seguí hasta una zanja donde drenan el agua y me lancé, la caída fue aparatosa, desde entonces se me disloca el brazo.

Me resguardé por un tiempo y al salir oí a mi compañero llorando, agonizando del dolor, entonces fui a su rescate. Lo tomé por los brazos y me pidió que lo ayudara, pero el malandro regresó al lugar y yo cargué a mi amigo y lo llevé a rastras por las escaleras. El sentido humanitario me decía que no podía dejarlo ahí moribundo. El malandro siguió disparando contra nosotros y uno de los tiros le entró por el abdomen y le salió por el tórax, casi lo mata. En ese momento me caí porque no podía más con el peso, yo estaba todo lleno de sangre. Los vecinos se dieron cuenta del altercado y comenzaron a gritar para que ya no siguieran disparando. Fue nuestra salvación.

Mi amigo duró hospitalizado mucho tiempo para poder recuperarse, aunque no del todo. Desde entonces no fue la misma persona, la herida le afectó el páncreas y comprometió otros órganos”.

No hay violencia si hay hogar

“El problema de la violencia viene de familia, se han perdido mucho los valores, porque donde se ve a un padre con una mala actitud, téngalo por seguro que su hijo va a ser igual o peor que esa persona. Si no le inculcan valores a los niños en el hogar, va a ser muy difícil tratar de moldear las malas costumbres, eso tiene que ser desde el inicio, desde el hogar.

La venganza no conlleva a nada bueno, la violencia lo que genera es más violencia. Si buscas la justicia por tus manos, la misma justicia va a arremeter en tu contra y no te va a favorecer en nada. Muchas personas en los barrios se cohíben de hacer una denuncia en la policía por miedo a que luego agredan a sus familiares”.

Forjar un futuro pese a las dificultades

“Ahora estoy pasando por una etapa de mi vida bastante triste, me separé de la mamá de mis hijos. Me ocurre algo parecido a lo que me pasó cuando era un niño. No sé los motivos por los cuales mis padres se separaron, nunca me dieron una explicación del por qué yo crecí sin un papá, sin una figura paterna, prácticamente sin mi madre porque se la pasaba trabajando.

Mi hermano menor y yo contábamos con mi abuela, pero era una señora mayor. La que cumplía el rol de madre con nosotros, quien era mi tía, murió de un impacto de bala en el corazón por los malhechores del barrio.

Aunque seguía siendo un niño, tenía que ayudar a mi mamá de alguna manera, tenía que sacrificarme. Mi mamá estaba sola y mi hermano menor estaba bajo mi responsabilidad. Yo tenía que trabajar.

Después de cumplir con mi rutina escolar me escapaba y me iba al Estadio Universitario, aunque no me dejaban entrar porque era menor de edad, era astuto y me colaba. Hice amistad con las personas que vendían en los quioscos, me daban un balde con 12 bombas (refrescos) y las vendía. Cuando era la Serie del Caribe y llegaban equipos de otros países, me daban propina en dólares.

Cuando comencé a verle el queso a la tostada, llegué a la casa con 300 bolívares, y me acuerdo que la pela que me dio mi mamá fue horrible porque pensó que yo estaba robando. Unos morochos que vivían en la cuadra de enfrente y que me veían trabajando le dijeron que estaba trabajando. A mi mamá de inmediato se le salieron las lágrimas.

Si pones tu vida en una balanza y te ponen dos caminos para que escojas, está en ti que elijas el camino malo o el bueno, y créeme que la mayoría de los que escogieron ese camino de la violencia, de la vida fácil, están muertos, presos o son drogadictos. Si yo hubiese escogido ese camino y no el de ganarme tres centavos trabajando, hubiese terminado igual”.

Hoy día Robert Demmer es un hombre de bien, estudió y se graduó de TSU en Administración, Organización y Sistemas, aún vive en San Agustín y trabaja como supervisor del Metro Cable de su comunidad.

Aura Rengifo

Aura Rengifo: Lo que hace falta es patear el barrio

“Hasta el más grosero, hasta el más malandro, yo siempre con educación los estoy combatiendo. Ellos son seres humanos igual que nosotros, no tienen a nadie que los oriente, que los ayude, si se consiguen a una persona que les da educación y respeto, ellos sentirán respeto”.

Ella es Aura de Rengifo, una señora querida por muchos en su comunidad. Es madre, educadora y líder comunitaria. Proveniente de Colombia, de la Guajira, llegó a Caracas teniendo tan solo 10 años y trabajó en una peluquería en donde conoció al amor de su vida, Esteban, con el que se casó a los 24 años y formó su hogar en el barrio La Luz en La Vega.

Con el paso del tiempo, Aura conoció a muchas madres del barrio y más adelante comenzó a participar en la comunidad, logró ser presidenta de la junta comunal durante varios años. Fue fundadora de la escuela San Miguel y ayudó a conseguir el equipamiento para el recinto escolar. Actualmente no ha dejado de contribuir con el desarrollo educacional de su comunidad porque “un líder se hace responsable de todo en lo que participa”, explicó.

“Veía a la población de la comunidad sin un colegio donde estudiar, me di a la tarea de recoger a todos los niños, y en la casita de enfrente los metí. Conseguí pupitres, pizarrón, entre otras cosas, y les dábamos clases. Me movía por todas partes para conseguirle cupo a todos los muchachos en distintas instituciones”, comentó.

Aura fundó hace años el Grupo Rescate, a través de él reclutó jóvenes con problemas de conducta, de drogas y alcohol, les enseñó poesía, canto, baile y demás actividades. Vivió de cerca la violencia al enterarse de la muerte de dos chicos a los que ayudaba; a uno le arrebataron la vida de 15 disparos, participaba en los bailes de los eventos que organizaba para la comunidad; el otro joven era un estudiante de la Universidad Central de Venezuela, aún se desconocen las razones de su asesinato.

Esta líder comunitaria no solo sintió esa pasión por ayudar a los niños del barrio sino a las personas de la tercera edad, ella hacía lo necesario para conseguirle los medicamentos o cualquier otra cosa que necesitaran. Si había algún vecino enfermo, buscaba la forma de ayudarlo.

“En el Este es un mundo y en el barrio es otro. El mundo del barrio es muy fuerte, hay mamás que por sus condiciones económicas dejan a sus hijos solos por tener que ir a trabajar, la mayoría son madres solteras o son viudas porque les han matado el esposo. Los niños son los que más sufren en la comunidad”, explicó Aura.

Esta líder comunitaria encuentra su felicidad en los trabajos sociales que realiza, en sus hijas y en su fallecido esposo, al que le agradece por toda la compresión y cariño que le brindó por tantos años. Siempre ha creído en la unidad de la familia.

Según Aura, para que la comunidad haga cosas buenas hay que ponerle ganas y corazón. “Ahorita el liderazgo está fuerte, hay mentalidad de odio, el ‘yo’ por delante. Hay que volver a motivar a la gente porque no les gusta ir a las asambleas, dicen que siempre es lo mismo. Hay que volver a traerle a la gente lo que se merece: respeto, ayuda y apoyo. Hay que empezar desde abajo, casa por casa. Aquí lo que hace falta es patear el barrio”, señaló.