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El poder de las organizaciones de base orientadas a la reducción de la violencia

¿Qué hemos hecho en las comunidades para prevenir la violencia?

Son más de dos años que cumplen los Talleres de Prevención de Violencia. Este proyecto comenzó como un experimento para involucrar a la comunidad en la solución de sus propios problemas locales relacionados con la violencia social. Robos, secuestros, abuso sexual, homicidios y consumo de drogas son las acciones cotidianas que grupos minoritarios realizan en espacios de la comunidad, que son públicos por preferencia. Por eso, nos basamos en la teoría de la concentración de violencia y puntos calientes “Crime Concentration and Hot Spot Dinamic in America Latina” (Jaitman & Ajzenman, 2016), la cual establece que la violencia se encuentra geográficamente concentrada en pocos lugares y en pocas personas. En ese sentido, decidimos diseñar una herramienta que nos permitiera junto con la comunidad:

  1. Comprender los conceptos básicos relacionados con la violencia expresiva y concentración de la violencia.
  2. Conocer los factores que permiten identificar a jóvenes en situación de riesgo.
    Identificar los puntos calientes de la comunidad.
  3. Desarrollar propuestas para intervenir con actividades sociales los puntos calientes identificados.
  4. Designar los responsables y fechas para llevar a cabo las propuestas de intervención en los puntos calientes.

En la Vega, por ejemplo, en el sector de la parte baja hay una cancha que es el sitio de reposo para las apuestas, presencia de armas y consumo de drogas. El coctel perfecto para atraer a jóvenes en situación de riesgo. Esta cancha fue identificada durante un taller como punto caliente por la comunidad mientras un grupo de jóvenes se refugiaba detrás de los muros del lugar para desembolsar sus ganancias o pérdidas de las jugadas que hacían. Wilson, uno de los líderes deportivos de la comunidad y participante del taller decía: “Ellos están ahí mismo, armados, y saben lo que estamos haciendo ahorita, no les gusta mucho porque se sienten amenazados, pero nos respetan”.

Una jornada de limpieza y algunas caimaneras fueron organizadas junto a los asistentes de ese taller para tomar ese espacio como lo que debía ser, un lugar de encuentro y de convivencia para todos. Hoy, después de varios meses, la comunidad sigue ocupando la cancha para el deporte y asambleas ciudadanas. Pues, Wilson dice: “Yo siempre voy a estar aquí. Esto es lo mío, venga quién venga, yo no paro el trabajo con los chamos”.

Recuperación de punto caliente en Plaza Bolívar de La Vega

Cada vez que hacemos los talleres encontramos a más de un Wilson que quiere rescatar a su comunidad de la violencia.  No por casualidad llevamos hasta la fecha 46 talleres realizados de prevención de violencia, 920 asistentes a los mismos, más de 126 puntos calientes identificados y 25 líderes comunitarios formados para facilitar los Talleres de Prevención de Violencia. Información que decidimos empezar a digitalizar a través de un mapa interactivo que marca la ubicación exacta y el tipo de hecho violento que ocurre en cada punto caliente. Según 109 puntos calientes procesados a través de esta herramienta tecnológica, hemos podido concluir que:

  1. En 52% de los puntos calientes identificados, el hecho violento que más genera preocupación en las comunidades es el robo.
  2. La mayoría de los espacios identificados como puntos calientes son descritos por la comunidad como lugares de desasistidos en su infraestructura por falta de alumbrado público y de mantenimiento.
  3. Las víctimas de los puntos calientes según participantes de los talleres se concentran en hombres jóvenes entre 15 y 35 años de edad.


¿Han dejado de ocurrir hechos violentos en los puntos calientes identificados en los talleres?

Recuperación de espacios por Caracas Mi Convive.

Vecinos, estudiantes, profesores, y comerciantes fueron los protagonistas del lanzamiento de “El Punto”, una herramienta diseñada por estudiantes de arquitectura de la UCV e @incursionesve para que la comunidad unida y organizada sea ejemplo y esta acción se replique en el resto de las plazas de Caracas. Caracas, 23/11/17. © Gabriel Osorio

Si bien es cierto que la comunidad señala los lugares donde se concentra la violencia y realiza actividades para recuperarlos, el mejor resultado que hemos tenido de esta herramienta comunitaria es la organización social que se despierta en cada uno de los líderes y vecinos de estos sectores, no solo para prevenir la violencia sino también para resolver otros problemas locales que acompañan a esos puntos calientes como el de la recolección de desechos sólidos, la falta de iluminación o, inclusive, la disposición de recursos económicos a través de bingos, rifas o “vacas”.

El orgullo y sentido de pertenencia se despierta en las comunidades durante el taller cuando derrumbamos los mitos alrededor de la violencia. Discutir con ellos que la violencia se concentra en pocos lugares y pocas personas nos permite reafirmar que toda la comunidad no debe ser etiquetada como violenta, elemento que empieza a despertar el poder sobre ellos en demostrar que son mayoría los que desean espacios para la convivencia y no para la violencia.

Las acciones frente a las posibles soluciones en los puntos calientes empiezan a ejecutarse cuando son los asistentes del taller quienes a punta de marcador, señalan en un mapa dónde ocurren la mayoría de hechos violentos, sin la participación y sus intervenciones, no habría mapeo posible de realizar.

Por último, la parte más álgida del taller, la cual es la elaboración de las propuestas para intervenir los puntos calientes, funciona como activador e integrador para una comunidad que ahora sabe dónde, qué y cuándo actuará de forma organizada para resolver en este caso, un problema puntual de prevención de violencia en alguna plaza, cancha o callejón de su comunidad.  Y que en muchas ocasiones, se convierte en una experiencia a replicar frente otros problemas locales que los involucren a todos.

Ni para la comunidad ni para nosotros es un secreto que existen responsables institucionales de los robos, homicidios o presencia de armas de los puntos calientes, pero hemos aprendido que hay también una cuota de poder importante en nuestras manos para proponer y llevar a cabo las soluciones que estén a nuestro alcance para cambiar esas realidades.

¿Qué retos nos esperan en las comunidades?

Es necesario seguir invirtiendo esfuerzos en el uso de herramientas tecnológicas como el mapa interactivo para procesar la información que se levanta en los talleres de prevención de violencia. Sería interesante profundizar en investigaciones que observen y analicen la dinámica de violencia que existe en los espacios urbanos señalados como puntos calientes, con el propósito  de identificar si existen patrones específicos que suman a su concentración de violencia.

Hay elementos teóricos relacionados con los Espacios Urbanos Seguros que explican los diferentes factores que inciden en la seguridad ciudadana o reducción de violencia de sectores específicos de la ciudad. Imaginemos un mapa interactivo no sólo con los puntos calientes, sino también con una caracterización exhausta de los mismos, que describa los aspectos sociales y urbanos, y, permita dar una mirada a una escala metropolitana de las estadísticas que sumen todos los datos en conjunto. Estos resultados, podrían intensificar nuestro trabajo basado en evidencias para tomar acciones más estratégicas de recuperación en los puntos calientes, que vengan sustentadas también por los hallazgos de este tipo de exploraciones.

Sabemos que el conocimiento con acción comunitaria a largo plazo pueden ser ejemplos de políticas locales que incidan significativamente en la reducción de violencia de las comunidades. Además, que las autoridades locales, también pudieran de alguna manera, involucrarse en estos procesos y generar confianza en sus ciudadanos que tanto aspiran justicia, orden y convivencia en los sectores donde viven.

La voluntad comunitaria está y se hace sentir en cada Wilson que interviene, aporta ideas y toma acciones al respecto, pero es necesario seguir sumando esfuerzos desde lo técnico, económico y político para generar los cambios a largo plazo de la Caracas posible, la Caracas de la convivencia.

Comunidades contra la violencia

Comunidades de Caracas hacen el trabajo de Dirección de Seguridad Ciudadana

Si hay una ciudad referente que ha podido reducir los índices de homicidios en las últimas décadas a través de un proceso de transformación arquitectónica, social, ambiental y cultural, es Medellín (Colombia). Un valle intramontano con similitudes al de Caracas, un río que atraviesa la ciudad de Norte a Sur, con una población de casi 4 millones de habitantes, de los cuales 31% viven en asentamientos informales. (Urbam, 2012)

A pesar de que las características demográficas y geográficas nos acercan como ciudad, existen otras que nos diferencian por mucho, como por ejemplo: nuestras tasas de homicidios. Actualmente, Caracas es al menos tres veces más violenta que Medellín, pero, la pregunta que sería interesante plantearnos sería: ¿Qué ha hecho hasta ahora Medellín que nosotros no?

En una entrevista que realizó LA Network a Alejandro Echeverri, reconocido arquitecto que diseñó y llevó a cabo proyectos como los Parques Biblioteca de las comunas que solían ser las más violentas de la ciudad, o el Parque Explora de la capital antioqueña, plantea que “los temas más importantes en los procesos de transformación urbana son los que tienen proximidad con la gente, los que son afines a la vida cotidiana de las personas.”

A pesar de que los problemas urbanos que puedan preocupar actualmente a ciudades como Medellín y Caracas sean diferentes en sus necesidades, no cabe duda que aquellas acciones que hayan mejorado la calidad de vida de los colombianos son totalmente replicables.

En Caracas pierden la vida más de 100 personas al mes y pareciera que nadie hace nada al respecto. Pero la realidad es otra. Esa proximidad que sugiere Echeverri está sucediendo en procesos que ocurren dentro de los Talleres de Prevención de Violencia, donde la comunidad, más que ser un espectador, es un hacedora de propuestas que permiten encontrarse y compartir en los lugares donde está concentrada la violencia.

¿Cuántas vidas estamos salvando tomando estos espacios que por definición son nuestros? ¿Qué clase de ejemplo están dejando estas comunidades a las instituciones gubernamentales? Cuando son ellas las que no sólo han resuelto el problema de la vivienda a falta de años y años de suelos urbanizables, sino ahora también el de espacios públicos dignos, donde niños y adultos pueden recrearse y dejar de lado la violencia que bandas delictivas o fuerzas policiales han implantado en sus comunidades.